#HastaSiempreComandante #Fidel: gigante de la Historia

fidel La noticia dio vuelta al mundo en segundos. Murió Fidel y todos supimos de inmediato que despedíamos al invicto Comandante en Jefe de mil batallas, a quien los cubanos sabemos inmortal, pues como sentenció otro grande de Cuba, José Martí, la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.

Fidel se ganó el lugar en la Historia al lado de los humildes y por los humildes trazó el destino de Cuba y repartió por el mundo el aliento de libertad y solidaridad que distingue a la Revolución, desde sus inicios.

Fidel siempre el primero. Desafió las fuerzas terribles de huracanes y estuvo siempre allí, donde el golpe era más demoledor para alentar a los cubanos a la Victoria.

Gallardía demostrada desde su juventud, las imágenes dan fe de ello, desafió al sanguinario sátrapa que bañó a la Isla en sangre y se llevó lo mejor de la Juventud del Centenario.

Su voz serena y firme derribó los débiles argumentos del fiscal en el juicio del Moncada, donde su voz denunció cada una de las miserias que se sometía el pueblo cubano y culminó pidiendo la prisión junto a sus compañeros de lucha, convencido que la Historia lo absolvería.

Se impuso a todos los intentos de eliminarle físicamente, y mira que la CIA inventó formas y arrendó cipayos para matarle. “Tengo un chaleco moral… y es fuerte” afirmó a un periodista norteamericano que quiso ver el chaleco antibalas que, afirmaban, llevaba bajo la chaqueta verde olivo.

Sus palabras dignas y certeras en la ONU resuenan aún en el mismo corazón del Imperio, tribuna donde llevó la voz de los pobres de la tierra, los que nacen sin futuro ni esperanzas y nunca fue tan grande un estadista en el cónclave de las naciones.

Los que nacimos después de 1959 le debemos haber forjado sueños desde edades tempranas, suerte que no corrieron muchos de nuestros padres y abuelos, obligados a abandonar la escuela sin culminar la primaria y trabajar duramente para ganar el sustento de la familia.

Sus discursos, que eran más bien diálogos infinitos con su pueblo, trazaban el rumbo para seguir adelante, aún en medio de inmensas tribulaciones y cuando a noventa millas se llenaban valijas y chocaban copas de champán festejando el derrumbe de la obra cumbre.

Pienso ahora en quienes lo rodeaban en su minuto postrero, el dolor infinito como sable que hiere el corazón, mas sabemos que no habrá despedida, porque no se va derrotado sino victorioso de mil batallas y seguro que su pueblo, que soñó cada día más digno y libre, seguirá construyendo la Revolución.

Fidel es uno y es eterno. Cuba lo llora hoy, pero mañana se levantará a la acción, con la certeza de tenerlo aquí, ahora inefable pero siempre presente en cada mente y corazón de hombre, mujer, niño y anciano de este país que construye su futuro, libres y dignos como nos enseñó hace más de medio siglo.

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