Nobel “American way of Peace”

 Imposible imaginar al “american way” sin defender la paz. Y es por ello que cuatro presidentes “american way” han sido condecorados con tan elevada distinción por “haber trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”, según reza el requisito para el otorgamiento del Nobel de la Paz.
El Comité Nobel Noruego ha decidido otorgar, en diferentes oportunidades, el prestigioso galardón a cuatro presidentes norteamericanos.
Theodore Roosevelt, el primer “míster president” galardonado con el Nobel de la Paz, expresó durante su segundo mandato presidencial: “la expansión de pueblos de sangre blanca o europea durante los pasados cuatro siglos se ha visto amenazada por beneficios duraderos para los pueblos que ya existían en las tierras en que ocurrió dicha expansión”.
Y por ello resultaba “inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadounidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos al conquistar la mitad de México”, además de que “estaba fuera de toda discusión esperar que los texanos se sometieran a la supremacía de una raza inferior”.
Sin dudas, este corolario “influyó” enormemente para que los “distinguidos” miembros del Comité Nobel entregaran a “Teddy” el premio instituido por Alfred Nobel, industrial, inventor y químico sueco, creador de la dinamita, atormentado con la idea que su obra científica había contribuido a que las guerras fueran cada vez más destructoras y sangrientas, decidió que su fortuna constituyera “…un fondo cuyo interés se distribuirá anualmente como recompensa a los que, durante el año anterior, hubieran prestado a la humanidad los mayores servicios”.
Otro “prestigioso” huésped de la Casa Blanca, merecedor del Nobel de la Paz es el señor Wodrow Wilson, muy honrado en Estados Unidos y el peor de todos, quizás, con América Latina.
Fue Wilson quien decidió en 1915 la invasión a Haití. Imbuido en los principios de la “democracia”, que conste, Wilson ordenó a los “marines” desalojar el congreso haitiano a punta de pistola, provocando con este hecho miles de muertes y dejando el país en ruinas. ¿Por qué? Pues porque los legisladores haitianos se “atrevieron” a no aprobar una “progresista” legislación que permitía a las corporaciones yanquis comprar en la nación caribeña.
Luego, aplicado el “correctivo”, los congresistas haitianos “aprobaron” una constitución “made in USA”, que “beneficiaría” a Haití, según el dictado del Departamento de Estado norteamericano.
La República Dominicana también puede dar fe del “titánico esfuerzo” del presidente Wilson a favor de “la celebración y promoción de procesos de paz”. El idealismo wilsoniano legó a estas naciones años de torturas, violencia y miseria en manos de los guardias civiles que se instauraron allí.
Amante de los derechos humanos, los que consideraba “el alma de la política exterior” James Carter es el tercer presidente yanqui que ostenta el Nobel entre sus reconocimientos. Sin embargo, tan puros preceptos no le impidieron brindar apoyo al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.
Cuando los nicaragüenses estaban a punto de derrumbar el corrupto y violento régimen, entonces el “defensor” de los “derechos humanos” como piedra angular de la política exterior, no vaciló en sostener una Guardia Nacional entrenada en Estados Unidos, para que mantuvieran a raya a los “revoltosos”. Y “mantener a raya” ocasionó unos 40 mil muertos.
Claro, Carter no quería inmiscuirse en los asuntos internos del país centroamericano, ni tampoco quería que hubiese violencia o muertes, pero no podía permitir que las cosas se fueran de control y se perjudicaran intereses “americanos”. Con “méritos” así, imposible no darle el Nobel a “Jimmy”.
Y, parapapanpapán, aparece en escena el primer presidente afronorteamericano de la historia de los Estados Unidos. Primer hombre negro que entra en la Casa Blanca como presidente y no como sirviente. Barack Obama.
Inteligente y carismático, Obama prometió en su campaña presidencial retirar tropas de Afganistán y cerrar la ilegal prisión en la Base Naval de Guantánamo, algo que, seguramente, tuvo muy en cuenta el comité noruego para tomar la decisión.
Sin embargo, luego de diez años de guerra, el US Army mantiene una fuerte presencia en el escenario bélico de la empobrecida nación centroasiática, a pesar que Estados Unidos lleva invertido cerca de un billón de dólares en una guerra que cuesta al contribuyente estadounidense unos 10 mil millones de dólares al mes y en la cual ya han muerto más de mil 600 norteamericanos.
Y en la ilegal Base de Guantánamo se mantienen 170 detenidos acusados de terroristas.
Otro “mérito” que habla a favor de los esfuerzos por la Paz del huésped de la Casa Blanca, es el apoyo que dio al golpe de estado que destituyó al presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya.
Zelaya era un peligro para la “democracia”, su gobierno había adoptado “peligrosas” medidas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza.
Alfred Nobel viviría hoy orgulloso del “legado” a favor de la humanidad de estos cuatro representantes del “american way” que ostentan el premio Nobel de la Paz.

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