DE LA MANO DE TODOS

Cambiar es siempre una aspiración de cualquier persona o sociedad, aunque esta acción genera, como enseñó Newton: reacciones de igual magnitud y sentido contrario.

Cuba avanza y hace una serie de rectificaciones cruciales para la economía y la sociedad. Y no precisamente para torcer el camino trazado hace medio siglo; sino para rectificar el rumbo, para construir con todos, empuñando los remos y halando parejo, el Socialismo que aspiramos y podemos alcanzar en las condiciones actuales y futuras de la Isla.

Sin abandonar principios ni alejarnos de las ideas expresadas por Lenin en su obra El Estado y la Revolución, donde señala magistralmente que el camino al Socialismo va de la mano de los trabajadores, el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, que inició mucho antes de su inauguración con los debates masivos en los que más de nueve millones de cubanos expresaron alrededor de tres millones de opiniones, trazó la dirección a seguir, con  los Lineamientos para la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

En este mundo globalizado, con un Imperio cada vez más arrogante y agresivo, que se vale de “drones” y bombas “inteligentes” para “defender la población civil”, aunque perezcan, de paso, aquellos que dice defender. Una nación que emplea de parabán las organizaciones encargadas de defender la Paz, como la ONU, para “legalizar” sus aspiraciones de dominio mundial; se impone una actitud flexible y fuerte, de manera que la economía se adapte al entorno cambiante, sin ceder un ápice en principios y valores que sustentan la Revolución.

El sendero de la actualización de la economía cubana, refrendado por el VI Congreso, tendrá como protagonista imprescindible a la planificación y a la Empresa Estatal Socialista como forma económica fundamental, y además, la justicia social como aspiración incuestionable, mayor  descentralización y capacidad decisoria de cuadros y estructuras de dirección y el fortalecimiento del sistema tributario y de las herramientas legales.

Lenin demostró que hay que atender a los detalles, colocar frente a las generalizaciones esquemáticas la búsqueda de lo real en esa complejidad que obliga a modificar nuestros esquemas una y otra vez, a adaptarlos, a no ceñirnos a lo consabido, sino alterarlo sin cesar en aras de ajustarnos mejor a la realidad y poder hacer planes más acertados. Que a veces hay que dar dos pasos atrás, para luego dar uno adelante.

La actualización del modelo económico cubano, vista entonces como la eliminación de tendencias negativas que lastran el desarrollo del país, conlleva a medidas necesarias, aunque ríspidas para muchos, acostumbrados a abrir las bocas como pichones siempre deseosos de más alimentos, y vivir sin “sudar la camisa” para producir lo que necesita el país.

Se eliminarán poco a poco, así, subsidios insostenibles, aplicados a productos y que proporcionan por igual a haraganes y productivos el acceso a los beneficios. Solo las personas necesitadas recibirán de la Revolución, que no deja a nadie desamparado, lo imprescindible para adquirir los alimentos y servicios vitales.

Otra medida cuestionada fuera de Cuba es el reordenamiento laboral. Los enemigos de siempre hablan de “terapias de choque” y “medidas neoliberales”, desconocen que en Cuba justicia social anda de la mano de independencia, pues sin estas dos cualidades desaparecería la Revolución y las aspiraciones socialistas.

Reordenar la fuerza laboral no es aplicar la “terapia de choque” tan recetada por brillantes economistas imperiales, es buscar el equilibrio sano que necesita la economía. ¿Cómo producir más alimentos en el campo si no están en el surco todos los brazos que se necesitan? ¿Cómo lograr mayor eficiencia allí donde siete realizan el trabajo de dos?

Se impone un reacomodo de cargas. Muchos que hoy reciben un salario por labores improductivas, pasarán a sectores mucho más necesitados de manos de obra, como la Agricultura, la Construcción y la Educación.

También recibe un peso fundamental la iniciativa privada, sin que ello signifique, ni mucho menos, un “viraje al capitalismo”, pues la propiedad sobre los principales medios de producción sigue siendo social, como garante del sistema que defendemos en la Isla desde 1959. Los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución así lo establecen: “en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales”.

Es comprensible, entonces, la inquietud de muchos, no es sencillo entender el cambio, aceptar el tránsito de un estado de cosas donde casi todo “bajaba por la canalita”, a otro donde la retribución va de la mano del trabajo realizado, la productividad, eficiencia y la calidad. Desaparecerán, entonces, actitudes que hoy afectan el desempeño laboral, como los certificados médicos, las ausencias momentáneas “para resolver un problema personal”, etcétera.

El trabajo, bien sea en el sector estatal o privado, tiene que ser visto como un valor incorporado a la sociedad y la laboriosidad debe ser adquirida desde los primeros años de vida.

Actualizar el modelo económico cubano no se logrará en “un dos por tres”. Conlleva años de trabajo y sacrificio y el esfuerzo debe ser parejo, desde el que se dobla en el surco, hasta el que labora detrás de un buró. Entorpecer con miradas cuadradas lo que debe ser redondo es una forma de cerrar el camino que debe estar abierto a todos. Por ese sendero marcha Cuba hoy, en pleno ejercicio soberano de actualizar su economía y hacerla útil al pensamiento martiano de levantar la sociedad “con todos y para el bien de todos”.

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